Zidane tiene siete vidas

“Se dice que me juego mi futuro… Pero se dijo también hace un año, en mi primera etapa…”. De esta modo, entre resignada (por las críticas) y confiada, Zidane respondió en la previa del Clásico cuando se le preguntó por su situación tras las derrotas sufridas por el Madrid ante Cádiz (0-1) y Shakhtar (2-3) en Valdebebas. El francés se presentaba en el Camp Nou amenazado y salió de él con un 1-3 y fortalecido. En situaciones contorno, tal y como sucedía en su etapa de componente, siempre encuentra caminos despejados. Este sábado volvió a hacerlo. Después de dos partidos desastrosos del Madrid, sin defensa ni porte, que minaron buena parte de la confianza que había depositada en el técnico, el equipo recuperó la seriedad y la solidaridad en Barcelona. Zizou se abrazó a sus jugadores y éstos le respondieron. No es la primera vez que el marsellés da un volantazo y devuelve el coche al camino.

La temporada pasada ya fue capaz de resolver varias ‘mini crisis’. Comenzó LaLiga de forma irregular (dos empates y dos triunfos), pero la convincente derrota (3-0) contra el PSG le señaló. Ni el crédito de su palmarés impidió que comenzara a sobrevolar el nombre de Mourinho. Evaporó la sombra del portugués ganando a Sevilla y Osasuna y con un buen partido delante el Atleti (0-0). Pero otro traspié en Champions (2-2 contra el Brujas) y el revés en Mallorca (1-0) le puso sobre el alambre. Ramos salió a defenderle en ese periodo crítico (“Hay distintas varas de medir. Sería fácil decir que Zidane siga hasta final de la temporada y no habría debates. Se merece un respeto”). Sin bloqueo, Zizou sobrevivió a aquello, el equipo se revitalizó sostenido por una gran seguridad defensiva, el gol de Benzema y el liderazgo del propio Ramos y acabó conquistando el título de Liga.

Una primera etapa con muchas curvas

En su primera etapa, Zidane incluso se vistió de TEDAX, desactivó varias ‘bombas’ y acabó convirtiéndose en el técnico más galardonado de la historia nuevo del Madrid (ganó tres Copas de Europa seguidas, nueve títulos de 13 posibles). Nada más aterrizar en el banquillo, en enero de 2016, supo restablecer a una plantilla perdida (tercero a cuatro puntos del Barça, líder). La viaje 26 fue su primera gran curva. El Atlético ganó al Madrid en casa con un gol de Griezmann (0-1) y una enorme superioridad táctica. Florentino escuchó gritos de “¡dimisión!” y el equipo se alejó a 12 puntos del Barça. “En un partido así, había que hacer más: correr más, meter más la pierna…”. Este crecimiento de orejas notorio fue un electroshock. El Madrid ganó todos los partidos que le quedaban en LaLiga y rozó el título al recortarle 11 puntos al Barça en sólo cuatro jornadas. En fracción de esa ascensión, Zidane incluso salió vivo de un incendio en la Champions. El Madrid cayó 2-0 en Wolfsburgo, en la ida de cuartos, pero Cristiano fue su extintor: rescató al equipo con un ‘hat-trick’ (3-0) que puso al Madrid en semifinales de una Champions que acabó alzando...

En la 2016-17, temporada en la que el Madrid ganó Liga y Champions, la palabra crisis incluso rondó el Bernabéu. Después de conquistar la Supercopa de Europa delante el Sevilla y de triunfar en las cuatro primeras jornadas de Liga, el equipo patinó y sumó cuatro empates en los siguientes cuatro encuentros (contra Villarreal, Las Palmas y Eibar en Liga, y delante el Borussia Dortmund en Champions). Este valle en el campeonato hizo al Madrid ceder el liderato. “No voy a perder los papeles”, llegó a asegurar. La plantilla remontó el revoloteo y al Museo del Bernabéu llegaron la Liga 33, el Mundial de Clubes y la Duodécima Copa de Europa.

Pero fue en la 2017-18, la última temporada de su primera etapa, cuando sufrió más terremotos. . La plantilla perdió el tono, dijo adiós a LaLiga en diciembre (acabó a 17 puntos del Barça) y cayó eliminado en cuartos de Copa contra el Leganés (1-2), una de las derrotas que más han dolido a Zidane en su carrera. Aquello le metió en la capital la idea de que tal vez lo mejor era dar un paso al banda, intuía que su discurso ya no calaba. Pero en vez de torcer el seña, el francés volvió a encontrar un espacio entre tanta montón confusa, confió en su vieja miembro, centró el foco en la Champions y terminó ganando la Decimotercera. Cada balón perdido, Zidane lo recoge y reconduce la situación. Como aquel que le mandó Roberto Carlos en Glasgow y acabó con una voleo maravillosa que dio la Novena. Como el que volvió a controlar este sábado en el Camp Nou.

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