Víctor Díaz y el retorno frustrado de un héroe pepinero

Hoy era el día. Bueno, quizá hoy exactamente no. Quizá hubiera sido el viernes, o ayer sábado. Pero de hoy, domingo, no habría pasado porque ya no hay fútbol los lunes. Una frase al que el Covid-19 le ha quitado los días de la semana. Ya simplemente no hay fútbol. Pero de haberlo habido, Butarque habría vivido en la caminata, la 31, distinto. Con la invitado del Granada posteriormente de tener jugado en Mallorca y Camp Nou y recibido al Valladolid. Quién sabe. Quizá hubiera sido un partido con el Leganés fuera del descenso. Vida ficción. Lo que está claro es que, de haberse competido, habría sido el retorno de Víctor Díaz. Pónganse en pie. Así es como se aplaude la revés de los héroes.

En Leganés lo fue ya de por sí tras formar parte del plantel que logró el progreso a Primera. Este sevillano introvertido fue uno de esos futbolistas a los que Serantes coreó su nombre en el mirador consistorial de la Plaza Mayor convertido en un Pepe Reina pepinero (más quisiera Pepe) aquel día de resaca infinita y sonrisas aún más grandes . Con su hija en brazos, Víctor celebró la correr sin entender que la vida le reservaba mayores glorias. A él, que tantas veces le había cedido la espalda el dulzor de los grandes triunfos.

Porque este canterano del Sevilla que ahora tiene 31 abriles debió entretenerse un día en el Liverpool. Pasó examen médico con los de Benítez, pero finalmente los red ficharon a Arbeloa. Lateral derecho de alma polifacético (en Butarque ejerció de todo) llegó al sur de la renta en el verano de 2016 posteriormente de sufrir los impagos de un Recreativo que agonizaba. Esa temporada se redimió, ascendió y cuando el Leganés debutó en Primera, quiso la prestigio que fuera él quien marcara el primer gol del equipo en la élite. El de triunfo en Balaídos en presencia de el Celta. Gloria eterna. Gloria bendita.

Esa temporada jugó 23 partidos y fue el colateral diestro titular para Garitano. La presentación de Tito en enero le restó protagonismo y aunque algunos en Butarque defendieron su continuidad, finalmente ni él, ni Alberto Martín, otro héroe del progreso (éste doble, porque igualmente subió de Segunda B a Segunda) renovaron.

Los dos, casualidades, terminaron aterrizando en un Granada al que ascendieron dos abriles posteriormente. Alberto Martín dejó a los nazaríes (ahora juega en el Recre, el exequipo de su amigo Víctor), pero nuestro protagonista continuó para marcarse otra gran temporada. Ya acumula 25 duelos entre Liga y Copa (llegó a Semifinales) que demuestran que los que defendían que se podía mantenerse, llevaban razón. En sus botas aún había fútbol de Primera. En Butarque seguramente habría podido aumentar este registro luciendo, encima, el brazalete de capitán, frente a un equipo que un día fue suyo y en el que es Historia mayúscula. Hoy era el día. Pero ya simplemente no hay fútbol.

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