Placer de compartir a un crack

Ya llevamos casi 24 abriles y en total como mil días sin fútbol. Sin tenis. Sin básquet. Sin carencia. Nos emocionamos cuando Messi vuelve a entrenar y fuimos capaces de ver partidos completos de equipos alemanes que pocas veces habíamos escuchado. Pero a Olé le encanta esto de poner en Primera, en la Champions, en Mundiales. De seguir buscando y buscando. Porque tener mano a mano a uno de los mejores de la decenio, a un crack de esos que tanto nos gusta ver poner, es resultante de un coyuntura de equipo. El que hace el contacto, el que lo cultiva, el que lo encuentra, el que hace la entrevista. Y el placer de hacer la tapa con un magnate siempre nos potencia.

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El español, este año, en el festejo de un nuevo título, ahora con el Vissel Kobe en Japón (Reuters / Issei Kato).

El gachupin, este año, en el festejo de un nuevo título, ahora con el Vissel Kobe en Japón (Reuters / Issei Kato).

Personaje que en su disección no tiene tonos altos, ni frases enroscadas. Pulcro, correcto, con el verbo “saborear” a cada paso de la charla, Iniesta juega en la entrevista. Y en ese coyuntura, con el perfil sin brillos de siempre, resume desde exterior lo que el mundo futbolero se preguntó y pregunta tantas veces: teniendo tanto tiempo al mejor, por qué no le fue mejor a la Selección. Hasta, siempre reflexivamente, hace una autocrítica porque ellos, jugando con Messi y otras tantas figuras, “apenas” hayan hato cuatro Champions.

La gloria que no tienen ni Leo ni Cristiano: meter el gol que saque campeón del mundo a su país (España, en Sudáfrica 2010).

La honor que no tienen ni Leo ni Cristiano: meter el gol que impulso campeón del mundo a su país (España, en Sudáfrica 2010).

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La aprecio argentina con el personaje, obviamente, está signada por el “nexo” Messi. Pero no es sólo eso. Iniesta tiene títulos que siempre trataremos de premiar. Porque sostuvo sus fantasías, su talento sin poner en coyuntura la vencimiento, si hasta en la previa del gol en la final del Mundial de Sudáfrica tiró un taco… Porque no simula. Porque no se olvida de sus orígenes. Porque no le conocemos peleas. Porque el fair play lo lleva en la piel. Porque nos gustaría poner como él. Quizá sea sólo una cuestión de karma, como resumió Guardiola: “Las cosas buenas, les pasan a los buenos”. Porque saboreó cada pincelada de Messi, tanto para explicarle a Olé desde Japón por qué Leo sigue siendo el mejor del mundo.

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