Partido dramático en febrero

Visto desde fuera puede parecer una exageración, pero el partido de Zorrilla puede determinar el futuro de Real Valladolid y Espanyol en la competición pese a estar en el mes de febrero. Si los vallisoletanos se hacen con la trofeo darían un impulso casi definitivo respecto a la zona de debajo, dejarían a los blanquiazules a 10 puntos, más el goal media, y el futuro se vería con tranquilidad en la Avenida del Mundial 82. Si son los pericos los que se llevan los tres puntos pasarían a respirar, seguirían en la pelea por la salvación y, sobre todo, meterían a los pucelanos en la lucha, reduciendo su distancia a cuatro puntos. El igualada, por su parte, les valdría más a los locales que a los visitantes porque mantendrían las distancias, siete unidades, más la diferencia de goles. Por tanto, hoy en el estadio pucelano se juega al fútbol y igualmente con la calculadora.

Y es que se juegan demasiado los dos conjuntos. Los locales porque necesitan ya su tercera trofeo como nave, recuperarse del palo de la derrota en Granada y respirar con alivio mirando con destino a debajo. Ya lo dijo esta semana el técnico pucelano, Sergio González: “Necesitamos resetear, mirar las cosas de manera positiva”. Los visitantes, por su parte, porque luego del papelón en Inglaterra en la Europa League el jueves (4-0) están ya completamente centrados en la competición doméstica, esa que les da de ingerir. Y lo harán sin Raúl de Tomás. Lo que en Valladolid se interpretó como un lance de Abelardo toda la semana, ayer se hizo sinceridad y el madrileño, auténtico talismán de los barceloneses con cinco goles en cinco partidos, no viajó a un estadio donde fue ídolo, tras no recuperarse de su dislocación.

Cambios. Así las cosas, Calleri será la punta del ataque en Valladolid, con Wu Lei, Darder y Embarba, por detrás, mientras que la desaparición por aprobación de Víctor Sánchez la cubrirá David López. El vallisoletano Fernando Calero, traspasado el pasado mercado de verano, esperará su turno en el banquillo. Sergio González, por su parte, histórico del Espanyol y ahora monitor pucelano, devolverá la titularidad a Míchel y no tocará nadie más para disputar una final en febrero.

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