Llega la rotación, llega el peligro

Rotar es sufrir. Eso le dice ahora la aritmética a Zidane, que en tiempos hizo un arte del reparto de minutos entre sus jugadores. Gran parte de sus tres Champions responden a esa capacidad de padecer frescos a los mejores en el momento de la verdad y de proseguir ingreso la honesto de la tropa utilizándola casi al completo. Ahora, a posteriori de un verano de ventas y un otoño de lesiones, la dispositivo B se ha quedado en los huesos. El partido frente a el Huesca, antesala de la final frente a el Inter, invita a la rotación, pero el banquillo no es el de otros tiempos (sigue el partido en directo en As.com).

En la temporada 2017-2018, última de la primera etapa de Zidane, Isco fue el tercer deportista de la plantilla con más partidos (49) y jugó 2.957 minutos. El año pasado se quedó en poco más de la fracción (1.618). En esta anda por 147. En el curso 2016-2017, todavía con Zidane, Lucas Vázquez acabó jugando 50 partidos y Nacho 39. Eran suplentes ilustrados, como Morata (43 encuentros y 20 goles). En la temporada pasada se quedaron en 29 y 10. Jovic, al que Zidane ha simpatizante en la fracción de los partidos, ha metido un gol en todo el año 2020, los mismos que Rodrygo, al que en febrero giro fugazmente al Castilla para mantenerle activo. Con Marcelo de titular el Madrid perdió ocho encuentros de Liga en la segunda era Zidane y nadie cuando no salió o empezó en el banquillo. Militao sólo ha jugado el 8% de los minutos de esta Liga y Mariano, que entra por primera vez en una lista, únicamente 84 en toda la campaña pasada; los últimos, el 2 de julio. Ahora es un dorsal aparición. Las últimas experiencias con jugadores alternativos han sido traumáticas: derrotas consecutivas frente a Cádiz y Shakhtar.

Hazard o Vinicius

La cuestión es si el francés seguirá insistiendo en la serie B. Para el choque, servido al distinción chino (14:00 horas), no recupera a nadie de sus lesionados (Carvajal, Odriozola, Nacho y Odegaard) y ya hay futbolistas que lo han jugado todo (Courtois y Varane) o casi todo (Benzema, Casemiro…). Así que se esperan retoques y la envés de Hazard, que ahora necesita actividad para ponerse al día, en un partido en casa. Mezcla correctamente con Benzema, pero quizá no sea el momento de sentar a Vinicius a posteriori del Borussiagate, asunto que agarró ayer Zidane con su mano izquierda, con diferencia la más hábil. Ni siquiera se molestó en negarlo. Puso paz y obvió que desde la conversación entre Benzema y Mendy el primero no le mandó ni un pase a Vinicius. Isco, otro al que cazaron haciéndole un traje a Zidane, Militao y Marcelo tienen posibilidades de modificar hoy su tendencia a la quebranto. Y Modric será titular después de encadenar dos suplencias.

Un Huesca sin victorias

El Huesca todavía llega preciso. Es uno de los dos equipos de LaLiga que aún no han manada (el otro es el Valladolid) y por primera vez pisa zona de descenso tras cinco empates y dos derrotas. Su problema, como el de casi todos, es el gol, porque tiene más pretensiones que puntos: ataca más fuera que en casa y en sus visitas sólo Real Sociedad o Madrid suman más disparos. También está entre los mejores en posesión, conveniencia en el pase y balón parado. En eso le ha convertido Michel, que fue capaz de subir al Rayo y dos abriles a posteriori al Huesca con un futbol codicioso, dominante. Ambos acabaron campeones en la categoría de plata.

Tiene trece jugadores nuevos. Algunos, como Sandro o Doumbia, fichados sobre la claxon, y ahora pretende darle estabilidad a un equipo que se fue a Segunda hace dos abriles con la misma facilidad que subió. Hasta 23 incorporaciones entre verano e invierno sumó ese año sin resultado llamativo.

Rafa Mir, que fue un Sub-21 muy prometedor, repite esta temporada y ha traumatizado en los dos últimos encuentros. Nueve tantos desde enero anotó la pasada temporada. De su conveniencia y de la rehabilitación de Sandro debe estar el Huesca, cuyo eje (Mosquera-Seoane) se educó en Valdebebas. Le faltarán Okazaki, Pedro López y Mikel Rico, pero ve una rendija de esperanza. La misma por la que se colaron Cádiz y Shakhtar.

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