La primera fractura de Rubi

Era un domingo por la tarde, tranquilo, por tratarse del primero tras la conclusión de LaConfederación. Feliz para los aficionados del Espanyol, porque aún degustaban el inopinado éxito alcanzado ocho días antes, el 18 de mayo, al clasificarse para jugar en Europa tras 12 abriles de marcha. Pero una mensaje sacudía los cimientos del club perico, por mucho que en esos momentos se interpretara como un único rumor: Joan Francesc Ferrer ‘Rubi’ se situaba muy cerca de recalar en el Betis.

Las avanzadas negociaciones que adelantaba ese 26 de mayo de 2019 el portal Onda Bética se tomaron con absoluta incredulidad, puesto que se trataba de un preparador que acababa de cerciorarse una competición continental y, sobre todo, que más allá de su cargo profesional contaba con una esforzado vinculación sentimental con el Espanyol. Pero casi nada bastó día y medio, hasta el martes sucesivo por la mañana, para constatar un terremoto cuya magnitud, como se ha podido ir comprobando hasta ahora, ha sido devastadora. Solo por clasificación ya es evidente: de la séptima plaza a la culo de la clasificación. Tal día como hoy, el 31 de mayo, su salida era ya un hecho a falta de concretarse indemnizaciones.

Una de las claves para la ‘espantá’ de Rubi se remonta al 20 de mayo, solo dos días a posteriori de la correr europea, cuando con ese motivo convocó Chen Yansheng a plantilla y cuerpo técnico a un desayuno muy cerca de la playa de Castelldefels. Aunque hubo cordialidad y sonrisas, ése fue el único interviú del preparador con el presidente, que sí aprovechó esos días en Barcelona para reunirse con el entonces técnico del filial, David Gallego.

Rubi supo de los planes del club no obviamente por voz de Chen, sino de los siguientes en el escalafón. Él mismo lo explicaría jornadas más tarde, tras concretarse su marcha al Betis: “Pese a alguna promesa realizada en el pasado de que la temporada saliente era la última con dificultades, se me traslada que el próximo curso incluso será un año difícil, ya que a nivel deportivo sería complicado reforzarse para poder competir en mejores condiciones”.

Entonces, su mensaje sembró cierto asombro y, sobre todo, arrancó furibundas críticas, a sabiendas de que en el Villamarín iban a multiplicarse sus emolumentos. Ni siquiera se había despedido de los jugadores, que andaban desconcertados.

Pero la planificación de la temporada (con una desinversión en verano sofocada en enero cuando la situación ya era crítica) y la clasificación durante las primeras 27 jornadas han provocado que la peso no se encuentre ya tan inclinada en contra de Rubi sino que vaya oscilando a atención de los argumentos que esgrimió el técnico y que y le empujaron, más allá de las formas y de razones económicas, a salir del Espanyol.

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