James Rodríguez: cuestión de fe

Han pasado dos primaveras desde la última gran temporada de James Rodríguez, del posterior año que rindió de principio a fin al nivel de lo mejor entre la élite europea. ¿Es mucho o es poco tiempo? Para quienes sólo siguieran su recorrido en España, quizá es sorprendentemente poco, pues tan pronto como queda el separado retentiva de aquellos meses de 2014 en que brilló con la incandescencia de una destino a punto de chasquear. Para quienes aún tengan la esperanza de disfrutar de él en el Everton, quizá es sospechosamente mucho. En 2019, James aún dejó gotas de su mejor talento en Múnich, pero desde su regreso a Madrid, el rendimiento del colombiano ha sido una núcleo sin resolver. Por suerte para él y para los que en él confían, James vuelve a los brazos de un hombre para el que no existe tal núcleo. Carlo Ancelotti es, probablemente, el monitor que mejor ha entendido a James, y que, por tercera vez, decide cruzar sus caminos con él.

James Rodríguez tiene 29 primaveras. Aún tiene beneficio y primaveras para dejar su mejor fútbol, pero quizá no de la modo en que lo había tocado hasta ahora. Y es que los highlights de la carrera del colombiano, sus zapatazos a la escuadra y sus impecables centros y pases filtrados, esbozan pero además esconden su principal cualidad: la capacidad de estar en el punto correcto en el momento adecuado. Y esta frase manida requiere de dos títulos importantísimos: una lección del grupo y un físico todoterreno muy superiores a la media. Sí, contrario a la imaginería popular que implica sufrir el “10” a la espalda, James no es un enganche menudo desconectado del grupo y sin piernas para tener un envite. O, al menos, no lo ha sido en los mejores momentos de su carrera. Y eso lo descubrimos la primera vez que se juntó con Ancelotti.

Carlo Ancelotti vuelve a encontrarse con James. Foto: Antonio Polia/Focus Images Ltd
Carlo Ancelotti vuelve a encontrarse con James. Foto: Antonio Polia/Focus Images Ltd

James necesita la pelota, no se limita a la bono decisiva, está permanentemente conectado al grupo. Y si no lo está, es que no está correctamente. En la que puede favor sido su cumbre futbolística, aquel Real Madrid de la 2014-15, Ancelotti creó un sistema consumado para James gracias a James. Fue en el mojado sistema de los Dos Puentes. El colombiano hacía de todo a todas las cúspides: era un anillo consumado para la salida de balón de Kroos y Ramos, el enganche idóneo para la BBC y una máquina voraz a la hora de hacer coberturas. Su despliegue no tenía parangón en un equipo sin especialistas defensivos, y le permitió cobrar una ascendencia enorme en el grupo de su equipo.

Las lesiones primero y la marcha de su valedor Ancelotti impidieron que mantuviera esa importancia en el equipo blanco. Ya fuera por su estado físico o por la concepción de Zidane, el técnico francés siempre le otorgó en el grupo un rol más de atacante que de medio. En aquel Madrid plagado de rotaciones que alzó la unión 2016-17, James sí disfrutó de un papel preponderante en el grupo, mientras no compartió alineamiento con los grandes gallos del corral. Aun así, no volvió a ser el eje de todas las fases del grupo que había sido un par de primaveras ayer. Hasta que se volvió a encontrar con Carlo. Quizá, quién sabe, ahora pueda retornar a suceder.

James Rodriguez of Bayern Munich during the UEFA Champions League match at Olympic Stadium, Athens Picture by Yannis Halas/Focus Images Ltd +353 8725 82019 23/10/2018
James Rodríguez volvió a destacar en el Bayern de Munich. Foto:  Yannis Halas/Focus Images Ltd

Desgraciadamente para uno y otro, la unión de Ancelotti y James en Múnich duró poco. Una contusión del colombiano primero y la temprana destitución del técnico posteriormente impidieron que el dúo volviera a coger sus mejores frutos. Aun así, Rodríguez recuperó la chispa aquellos meses. Una chispa que Jupp Heynckes se encargaría de hacer prender. James regresó a la pulvínulo de la marranada. Compartiendo equipo con Javi Martínez, Müller, Ribery y Robben; el cafetero volvió a ser el encargado de que la pelota fuera de un sitio a otro, de aparecer en los lugares menos pensados, de darle fluidez y compensación a un equipo que carecía de ellas.

Eso fue hace dos primaveras. La temporada próximo, Kovac le acercó más al ámbito, desde la mediapunta, y James rindió como tal pero no al nivel que había llegado a demostrar tan solo unos meses ayer. Este curso, de nuevo bajo las órdenes de Zidane y tras la sombra de lesiones y un estado físico incierto, James no ha encadenado dos titularidades en toda la temporada. Pero vuelve a encontrarse con Ancelotti. ¿Es posible una tercera transformación?

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El Everton necesita a James, pero parece complicado que el equipo pueda darle a James lo que él necesita. Como nos contaba Adrián Blanco en este texto, el conjunto de Ancelotti no promedió más posesión que sus rivales durante la pasada campaña. El equipo de Liverpool tan pronto como pasó por el centro del campo, dividiendo con frecuencia sus balones y fiándolo todo al rendimiento de la pareja ataque que forman Richarlison y Calvert Lewin.

Todo esto son malas parte para James. El sistema no ayuda. Un 4-4-2 / 4-2-3-1 con un doble pivote que no es excesivamente dominante con el balón, compuesto por André Gomes, Davies o Sigurdsson. James jugaría, seguramente, en la mediapunta o desde un costado si este fuera el caso. De primeras no suena mal, pero con un estado físico en duda, habitar los carriles de este sistema puede ser excesivamente sacrificado en ritmo Premier y no garantiza que el ya exjugador madridista participe en las zonas que más puede ayudar a su equipo. Desde el enganche, necesitará mucho de sus compañeros de medular y, conociendo su instinto, bajará hasta formar una semirrecta de tres con asiduidad.

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Si Ancelotti opta por allanarle el camino hasta el balón, James ha tenido una gran nota en forma de fichaje. La venida de Allan posibilita una composición más natural del centro del campo, con el brasileño como pivote posicional y James flotando en cualquier posición a su rodeando, sin tener que esperar desde la mediapunta a que el doble pivote le haga conservarse el balón. Gomes, Sigurdsson y Davies se antojan buenos socios con los que combinar gloria más adelantadas partiendo de la seguridad de Allan como pivote. Arriba, los puntales ofensivos pueden beneficiarse enormemente del golpeo de James y su lección del grupo para unir al Everton al peligro. Una nueva oportunidad para James de demostrar su talento.

Foto de Portada: Daniel Hambury/Focus Images 


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