El liderazgo perdido

La constatación de que el Barcelona es un equipo huérfano de cualquier liderazgo llegó cuando acabó el partido en el Wanda Metropolitano y los jugadores, luego de perder en presencia de el Atleti un partido que les descuelga en la tabla en pleno mes de noviembre se retiraron del campo cabizbajos, deprimidos y aturdidos. Se fueron tal y como jugaron, sin ningún atisbo de rebeldía u orgullo. Pero la dejación de funciones no se limitó simplemente a los 90 minutos de partido. Se hizo licencia a la hora de dar explicaciones.

Al arruinar el duelo se dieron cuenta los responsables de prensa del equipo de que ningún participante se había quedado en el césped para conceder la entrevista superflash a la televisión con derechos que retransmitió el partido.

Messi, una vez más, no dio el paso para susurrar siendo el único capitán en disposición de hacerlo puesto que Piqué y Sergi Roberto se lesionaron en el partido y Busquets ya no viajó a Madrid por el mismo motivo. Tuvo que ser Pedri González, de 17 primaveras y en su primera temporada en el club el que saliera a dar explicaciones.

En este sentido, llueve sobre mojado en el Barcelona. El pasado 24 de octubre con motivo de la derrota en presencia de el Real Madrid en el Clásico del Camp Nou el que atendió a los medios de comunicación sobre el césped fue Sergiño Dest. El adjunto holandés de 19 primaveras, que hacía dos días que había llegado al club tuvo que dar la cara antiguamente de pedir por servicio que le hicieran la pregunta en inglés.

La partida de liderazgo en el vestuario ya es un elefante en el pasillo. Messi sigue llevando el brazalete de capitán pese a que en agosto ya dejó claro que quería irse del club y que estaba enfrentado a la congregación. Una directiva, que por cierto, ya no está y ya no sirve de paraguas para el desgobierno del club. Los jugadores están a la intemperie y sin un líder que les guíe.

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