Courtois se justifica

EI Madrid está en buenas manos. O mejor dicho, en buenos guantes. Thibaut Courtois, 28 primaveras, se encuentra en el mejor momento de su exitosa carrera profesional. Dicen que ser guardameta del Madrid es muy complicado porque te llegan sólo dos o tres veces en todo el partido y deben reaccionar como si estuvieran on fire y a tope como los guardametas de equipos más modestos que tienen mucho trabajo durante los encuentros. Eso lo interpretó muy admisiblemente Paco Buyo en los tiempos felices de la Quinta del Buitre (las habituales goleadas siempre empezaban con un par de paradones del gallego, con 0-0 en el tanteador) y especialmente con Iker Casillas, que logró sobre todo con los Galácticos minimizar con sus prodigios en la puerta los daños generados por un equipo en el que todos jugaban con mentalidad ataque.

A Courtois le ha costado obtener ese rol porque en su primer curso en el Bernabéu (2018-19) tuvo que compartir cartel con Keylor Navas, un ídolo para la simpatía al sobrevenir estado en las tres Champions seguidas de Zidane.

Pero en el verano de 2019 el tico se fue traspasado al PSG y ‘Tibu’ entendió, por fin, que era el dueño incontestable de la puerta del Real Madrid. A raíz de un partidazo en Estambul, el hércules belga fue ganándose galones en un vestuario que le recibió con cierto escama (los pesos pesados estaban muy unidos a Keylor) pero que ahora disfruta y valora la dependencia de un porterazo de talla mundial que en el curso pasado fue de los más decisivos para la conquista de la Liga 34.

La noche del alirón ante el Villarreal en Valdebebas, Courtois recibió un extraordinario impacto en la habitante, en choque fortuito con Quintillá. Lejos de amilanarse y con el título en coyuntura, siguió en el campo y en los últimos minutos tuvo tres intervenciones decisivas. Paradas que dan títulos.

Y eso es lo que hizo el domingo en Anoeta. Isak se quedó solo y remató a gol. Era el 1-0. Pero ‘Tibu’ sacó su pierna izquierda como si fuese un gancho y salvó a su equipo de la derrota. El número 1, que ahora estrena, le sienta muy admisiblemente.

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