Contraste en el purgatorio

Hace un tiempo, no demasiado, la turista del Sevilla erizó Leganés. Tronó esa confusión de enero su peculiar himno en Butarque con decibelios disfrazados de Champions. La Copa mutó en otra cosa. En éxtasis pepinero. Aquellas semifinales condensaron la esencia de un equipo que, más que oxígeno, respiraba ilusión. Se rozó la gesta, pero la burbuja de la esperanza restalló en mil pedazos a la reverso, mientras otro himno, el del Arrebato, suturaba la herida del orgullo blanquiazul. Caer delante un magnate que te siente amenaza no es caer. Es crecer.

Hoy el enemigo es el mismo, pero el círculo, sus antípodas. En Butarque ya no se respira satisfacción. Huele a azufre (sigue el partido en directo en As.com). Nueve puntos separan a los de Aguirre de la salvación y aunque el Vasco se aferra a Pitágoras para protestar esperanza, pocos creen ya en una permanencia enterrada en mil y una mini-tragedias. Doce meses, doce horrores. Una de ellas fue perder a En Nesyri, hoy enemigo hispalense. Dejó las arcas llenas, pero la costal de goles vacía sin intuir que un mes más tarde Braithwaite haría lo propio rumbo al Barça. En las expectativas y partida de fichajes, insiste Aguirre, radica la principio de su impotencia. Así no hay forma.

Con Óscar aún absorto, esta confusión Assalé y Manu, un crío del filial, podrían desafiar en punta mientras el mismo En Nesyri les observa en la grada-banquillo. Cañones contemplando tirachinas… sin tenerlas todas consigo. Este Sevilla no despega. El pinchazo ante el Valladolid hizo daño. Pese a ello, Lopetegui insistirá en los mismos con Banega, que hoy termina resolución, de inicio. En el Leganés, los cuatro sevillistas cedidos (Bryan, Roque, Amadou y Soriano) tienen permiso para jugar un duelo de purgatorio, a medio camino entre el Paraíso de la Champions y el báratro del descenso.

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