Cesc Fàbregas levanta la voz

En un rinconcito a orillas del Mediterráneo, entre dinastías reales, opulencia, seducción y Fórmula 1, Cesc Fàbregas recupera la sonrisa. El paisaje le viene que ni pintado al catalán. Montañas, pinos y la inmesidad celeste frente a sus fanales, reminiscencias de la Sinera (Arenys) que enamoró a Salvador Espriu. 

21/11/2020 a las 19:32

CET


Jonathan Moreno

A sus 33 abriles se permite echar la panorámica detrás, recordando lo que pudo ser y no fue. Muchos aficionados azulgranas le pusieron la cruz, él no se arrepiente de cero. Ni tan siquiera de considerar un “amigo” a José Mourinho, la ‘bicha’ del barcelonismo. Así lo expresó a principios de semana en ‘Catalunya Ràdio’, donde verbalizó asimismo lo que muchos intuían. “No mantengo ninguna relación con Guardiola, nada de nada, y no sé si la decepción es mutua”, exorcizó de su alma el del Maresme.

Cesc Fàbregas conserva incólume su talento, pese a que las lesiones hayan lastrado la parte final de su carrera. El ‘4’ no es titular indiscutible en el Mónaco, aunque tiene la confianza absoluta de Niko Kovac. El técnico, perro envejecido en esto del fútbol, sabe que el que tuvo retuvo. Y Cesc se encargó de darle la razón ante el PSG. Saltó al césped tras el alivio y recordó a aquel barbilampiño futbolista que gambeteaba y derribaba barreras de precocidad en Highbury.

Pidió la pelota, condujo en perpendicular, rompiendo líneas de presión, distribuyendo con pericia y explotó esa impredecible presentación desde segunda vírgula, seña de identidad. Su presencia en el campo trasnformó el espíritu de los suyos y permitió a los monegascos remontar un 0-2 contrario al tirano de la Ligue 1. Fàbregas asistió a Volland y remató la trastada transformando un penalti. Cesc alzó la voz, fuera y adentro del contorno de serie. Aún no ha dicho su última palabra. 

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